Quiénes Somos

 

 

Chelsea es un mercado de productos premium que importa solo alimentos con un profundo significado para sus países de origen. Inicia sus operaciones con Alpirsbacher, incorporando durante los próximos meses nuevas sorpresas.
Estamos permanentemente recorriendo mercados en búsqueda de productos que podrían ser de interés para el chileno que premia la calidad. Nos detenemos en ferias alimentarias, mercados locales de materias primas, factorías de productos con tradición culinaria, pueblos con grandes historias o seguimos la pista a secretos guardados con celo en países de extensa y deliciosa oferta de alimentos y marcas galardonadas internacionalmente.

Pero no nos detenemos ahí. También buscamos marcas para el mundo de la restauración y hotelería, como un aporte a la oferta existente en el país, u operamos como facilitadores e importadores por nuestra red de contactos y ‘Trend Searchers’ (buscadores de tendencias).

En Chelsea somos un mercado de los mejores mercados del mundo. Ese es nuestro negocio.

Dos Dimensiones de una Historia

El arribo de Alpirsbacher Klosterbräu a Chile tiene un doble significado:

Por un lado es la llegada de una de las más importantes cervezas alemanas en términos de calidad, aclamada en todo el mundo, con una historia familiar que se remonta a 1877 y en cuyo génesis se encuentra en el propio monasterio benedictino de Alpirsbacher que se encuentra en la Selva Negra alemana y que produce cervezas hace más de 900 años. De hecho, las aguas con las que se hace la cerveza Alpirsbacher son recogidas (como antaño), sin ninguna intervención externa directamente desde la misma fuente del río del parque natural Glaswiesen, considerado el de aguas más blandas y puras de toda Alemania y, probablemente, del mundo.

El segundo significado es que su presencia en Chile, a través de Chelsea, un mercado de productos premium, obedece a la búsqueda de un chileno por mantener viva la nostálgica historia de amor en la que se conocieron un mecánico alemán y una chilena, a principios del Siglo XX. Y que sin tener una gota de idioma en común, se enamoraron a primera vista y casaron a los meses de haberse encontrado por primera vez en la Plaza de Armas de Valparaíso.

Peter Heisele Baur —mecánico alemán de apenas 21 años— fue enviado a Chile en 1912 por la empresa Daimler-Benz para poner en marcha al primer carro bomba con motor de combustión que adquirió la III Compañía de Bomberos de Valparaíso. Finalizada su tarea, y poco antes de zarpar de vuelta a Alemania, fue a caminar por la Plaza de Armas de la ciudad para despedirse de Chile. Pero sin quererlo, se encontró frente a frente con su destino: vio pasar a una hermosa mujer —una chilena que no hablaba nada de alemán— de la cual se enamoró inmediatamente. Sin saber ninguna gota de español, este talentoso mecánico logró captar su interés. Tanto que finalmente no se devolvió a Alemania, se emparejó con la porteña y antes que terminara el año, se casaron.

Un siglo más tarde, el nieto de Peter Heisele Baur —Ricardo Heisele Salgado, de 67años— sigue contando la historia recordando sus raíces y la valentía de su abuelo por haber dejado atrás su país natal, su familia y los encantados paisajes góticos. Y dentro de los sabores que más recordaba su abuelo, estaba el de una singular cerveza de monasterio, llamada Alpirsbacher Klosterbräu.

Ricardo Heisele hoy ha podido reconocer las descripciones que hacía su abuelo, gracias a la llegada a Chile de cuatro exponentes de dicha cerveza, de la mano de Chelsea, un mercado de productos de alta calidad creado por su yerno, Christian González. Este último, escuchando desde que conoció a su esposa Andrea Heisele las historias de su suegro, terminó por indagar si efectivamente Alpirsbacher existía. Hasta que viajó a Alemania, dio con el producto y se topó con una cerveza excepcional, con un pueblo —Alpirsbacher— que giraba en torno a su historia y a sus instalaciones y museo, además de estar cargada de los más importantes premios internacionales en torno a la cerveza. Alpirsbacher era la mejor cerveza del mundo. En ese momento, juró importarla algún día a Chile para regalarle a su mujer y su nueva familia un fragmento de sus raíces. Y de paso, abrir Chelsea, un mercado para traer al país productos excepcionales, partiendo por la oferta de la mejor cerveza que se ha creado en suelo alemán.